viernes, 13 de enero de 2012

FIDEL POR FIDEL

       El estudio del ideario de Fidel es obligatorio, lo más avanzado de la teoría revolucionaria universal se compendia en él. No es posible pensar en cambios sociales verdaderos, duraderos, sin encumbrarse sobre los hombros de la Revolución Cubana, y no es posible entender a esa Revolución sin adentrarse en la mente del conductor del pueblo que la hizo posible, Fidel. 

El libro: "Fidel Castro, ideología, conciencia y trabajo político", nos presenta extractos de los discursos de Fidel, desde 1959 hasta 1986,  referidos a ideología y conciencia. Es un valiosísimo auxiliar para aproximarnos a las ideas de Fidel, a la historia de Cuba y del mundo en ese período. Es entonces, una excelente introducción al escalón más alto que ha alcanzado el pensamiento y la acción revolucionaria. Leamos algunos fragmentos.

"Nosotros no debemos hacer nada jamás que vaya contra el desarrollo de esta conciencia colectivista...

Nosotros debemos utilizar la conciencia -como hemos dicho otras veces- como el arma fundamental en el desarrollo de las fuerzas productivas, que es lo que se ha definido con la frase: vamos a crear riquezas con la conciencia y no conciencias con la riqueza. Bien. Está claro, y eso está establecido, y ha sido muy correcto que nuestra Revolución haya llevado esta línea porque además es la que nos hace fuertes"... La Habana, primero de mayo 1971.

"Yo creo que toda mi vida he hecho siempre el máximo por elevar los niveles de vida del pueblo en todos los sentidos: en la educación, en la salud, en la agricultura, en todo, en programas de vivienda, en todas esas cosas...

Ahora lo que nunca (...) se me ha ocurrido apelar a la idea del nivel de vida como motivación para las masas, porque creo que eso no es lo que mueve a los hombres, eso no es lo que mueve a los revolucionarios (...) Siempre hay que estar apelando a la conciencia de los hombres, porque si no habláramos más que de niveles de vida -y nunca he comulgado incluso ni con la palabra, ni con la frase- (...) tu puedes desatar un egoísmo nacional terrible"... La Habana 1986.

En estos dos fragmentos de discursos, distanciados por quince años, se evidencia la coherencia de la Revolución Cubana: siempre la conciencia es el fundamento, ese principio inviolable nace desde el Cuartel Moncada, lo motiva y crece en la Sierra, se expande en todo el accionar de la Revolución, desde Angola, Machurucuto, hasta Barrio Adentro.

Esta es la línea central del pensamiento de Fidel, y esa verdad se derrama por todo el libro. Podríamos decir que es el instrumento principal de abordaje de todos los problemas, que todo se analiza y se explica a través de esta gran idea, la conciencia, es el otro nombre de la Revolución Cubana.

Repetimos, es necesario, imprescindible, el estudio del pensamiento de Fidel, sin dogmatismo, sin culto a la personalidad, con espíritu científico, pero nada puede justificar no hacerlo, y más en estos tiempos de tanta confusión

En el libro: "Fidel Castro, ideología y conciencia" se encuentran extractos de discursos de Fidel referidos al movimiento obrero. En estos días de camino al Socialismo, y de elaboración de una ley del trabajo, será de gran ayuda conversar con Fidel sobre el movimiento obrero. Escuchemos a Fidel.

"Hay un procedimiento muy fácil para simular que se es revolucionario; hay hasta una manera que pudiera llamarse simpática, de parecer revolucionario, cuando no se tiene una conciencia clara de lo que es un verdadero revolucionario, y es aparecer defendiendo un interés de los trabajadores, un interés de tipo económico, cuando en realidad está cambiando ventajas pasajeras por fracasos futuros; que a lo mejor está defendiendo algo que parece bueno para los obreros, y sin embargo es malo; que puede ser la ruina de la institución, aunque signifique, o parezca significar, una ventaja determinada. Ese más bien es el demagogo, ese no les habla claro a los obreros, ese despierta el egoísmo, la idea egoísta de resolver los problemas pasajeramente, o de un grupo, con olvido del interés general... La Habana, junio 1960.

Fácil es la demagogia -ustedes lo saben-, y no en balde ha aprendido tanto nuestra clase obrera, nuestro movimiento sindical en estos años. Fácil es el economicismo -ustedes lo saben- y una de las armas del capitalismo para impedir y retrasar la revolución es el economicismo precisamente.

Y el economicismo ha causado dolores de cabeza a más de un proceso revolucionario, antes de que los trabajadores hayan podido adquirir conciencia de su papel en la sociedad y en la revolución, en su revolución. Porque en tanto la revolución no sea su revolución no es revolución; y en tanto la política no es su política, no es política para el trabajador.  Y hace bien en exigir todo lo que puede. Pero cuando la revolución es su revolución y cuando la política es su política, hay un cambio total de la situación. Porque ya él no puede entrar en contradicción con sus propios intereses. Son legítimas las contradicciones entre los intereses del trabajador y los intereses de los explotadores; pero serían absurdas, imposibles las contradicciones entre los trabajadores y sus intereses como trabajadores en esa identificación que se produce con el socialismo....

Los obreros, los trabajadores y el movimiento sindical tienen dos tareas: primero, su primer deber, el primer deber de los trabajadores en la Revolución es construir el socialismo, ese ¡es su primer deber!, y en pro de todo lo que contribuya a la construcción del socialismo, porque es su socialismo, su sociedad, su riqueza, no es de nadie; es su riqueza, del país, del trabajador (...) el otro papel el de velar por los intereses de los trabajadores como trabajadores.”

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