jueves, 19 de abril de 2012

EL SECRETO MEJOR GUARDADO

Desde los orígenes del capitalismo los teóricos se han preguntado de dónde sale la riqueza ¿Cómo es que unos pocos la acumulan y la gran mayoría es pauperizada? O, en directas palabras: ¿De dónde sale la riqueza de los capitalistas?

Muchas vueltas se le han dado al asunto. La idea generalizada es que el "emprendedor que trabaja duro” obtiene fortuna. Se afirma así el sueño americano que a tantos ha embarcado. La pregunta sigue en pie, la respuesta sigue oculta.

Algunos teóricos postulan que la riqueza proviene del comercio, de comprar barato y vender caro, otros dicen que proviene de la agricultura. Todas estas cabriolas teóricas ocultan el secreto del capitalismo: ¡La Plusvalia! Esta estafa es el fundamento de todo el edificio capitalista, es su esencia, mientras persista habrá capitalismo.

Las preguntas que surgen son ¿Qué es la plusvalía? ¿Por qué es una estafa? ¿Cómo se supera?

La plusvalía es un robo legal que, en directas palabras y sin darle muchas vueltas, consiste en pagar un tiempo de trabajo y hacer que el obrero trabaje más que ese tiempo contratado. Es decir, se pagan, por ejemplo, cinco horas de trabajo y el obrero debe trabajar diez. Claro, el hurto no es evidente, está oculto bajo una cultura y una tradición que hace que el trabajador no pueda detectar el despojo del que es víctima.

Este robo, este fraude, condiciona toda la vida de la sociedad. Las relaciones entre los hombres divididos en explotados y explotadores son unas relaciones fraudulentas, la cultura apoya ese hurto, la ética lo consagra, la religión lo santifica, las leyes lo regulan y el Estado lo protege.

Se deduce que para una Revolución el problema de la plusvalía es central, sin resolverlo no es posible desmontar el descomunal edificio de la dominación. Mientras la plusvalía exista, mientras el robo esté presente, no importa la cantidad, estará abierta la posibilidad de restaurar el sistema capitalista.

Es que las formas económicas capitalistas son altamente contaminantes, una simple unidad económica egoísta, es decir, de propiedad nosocial, generará un inmenso volumen de conciencia egoísta que exigirá condiciones económicas, políticas, sociales, para expandirse. Recordemos que una de las características del capitalismo es su necesidad de crecimiento, de expansión constante.

Pensar que es posible controlar las formas de propiedad nosocial, generadoras de plusvalía y de conciencia egoísta, son candideces que conducen a la Revolución al patíbulo.

No es fortuito que la plusvalía sea el secreto mejor guardado del capitalismo. Evitan nombrarla, cuando lo hacen es deformándola. Saben que su comprensión los dejaría desnudos, sin barreras protectoras. El develar el secreto, hacer que las masas tomen conciencia y conozcan la esencia del capitalismo, es deber de los revolucionarios, de la clase obrera encontrada con su ideología. Luchar por superar la plusvalía, de la única manera que esto es posible, superando al capitalismo, instaurando el Socialismo, es el principal deber de los Revolucionarios.

La plusvalía es la forma capitalista de apropiación del trabajo ajeno, por ella este trabajo excedente, a través de la propiedad no social, es robado a la sociedad. En el Socialismo, el trabajo excedente, en virtud de la propiedad social, va a la sociedad toda, es dispuesto por ella a través de su administrador: el Estado. Así el obrero trabaja para toda la sociedad, se restaura su condición social, de miembro de la sociedad, se restituye la identificación del trabajador con el producto de su trabajo, y en tanto miembro de la sociedad se beneficia de lo que a ella beneficia.

La plusvalía está ligada a la propiedad nosocial, al mercado y, sobre todo, a la conciencia egoísta, al fetichismo que transforma al capital en un monstruo que gobierna a la humanidad, la pone a su servicio.

El Socialismo está ligado a la propiedad social, al reparto equitativo de acuerdo a las necesidades de cada quien y al trabajo de acuerdo a su capacidad, a la Conciencia del Deber Social, al sentido de pertenencia a la sociedad, a la comprensión de que la suerte del individuo está ligada a la suerte de la sociedad, la comprensión de que no hay solución a los grandes problemas de la existencia fuera de la sociedad.

En Revolución, las medidas económicas, las formas económicas que se adopten son de importancia vital, de ellas depende la conciencia que se construya. Y recordemos que es en la conciencia, en las ideas, donde se dilucida el destino de la sociedad.

Cabe aquí parafrasear a Clemenceau y decir: la economía es un asunto tan importante para la Revolución que no se puede dejar en manos de los economistas. Recordemos que el ángulo menos importante de la economía es lo económico, su aspecto fundamental es la influencia de sus acciones en la conciencia.

Es un error pensar que podemos impulsar formas económicas nosociales, capitalistas, egoístas, y construir simultáneamente convivencia, relaciones socialistas, o que esas formas y medidas capitalistas no buscarán sus canales políticos, no se expresarán en lo político.

Al contrario, las formas políticas, económicas, sociales, espirituales, culturales, forman un todo, todas se influyen mutuamente.

Entonces, no hay atajos, no hay lugar para inventos, las medidas socialistas en todos los campos, y aunque parezca ridículo decirlo, deben ser socialistas. Ya lo alertó el Che, pretender construir Socialismo con las armas melladas del capitalismo es un disparate que conduce a la restauración.

La historia ilustra con dramática claridad la relación entre las formas económicas y el resto de las facetas de la vida social, lo que respalda la advertencia del Che. Esta verdad se carga de tragedia cuando pensamos en la caída de la Unión Soviética, de China, y constatamos que allí dos mil millones de seres humanos se desplazaron hacia el capitalismo, que se restauró el capitalismo sin un tiro, sin pena y sin gloria. Y es obligado concluir que los extravíos en lo económico están en la base de aquel desastre.

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